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La importancia de las obras de aguas lluvias en un proyecto de pavimentación

  • arquimetr1
  • hace 5 días
  • 2 min de lectura

Cuando se piensa en un proyecto de pavimentación, la atención suele centrarse en la calidad del hormigón o del asfalto. Sin embargo, existe un factor igualmente determinante para la vida útil de la obra: una adecuada gestión de las aguas lluvias.

Más que una buena práctica de ingeniería, es una exigencia normativa. La Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC), en su artículo 134, establece que toda urbanización debe considerar, entre otras obras, los sistemas de desagüe de aguas lluvias. En la misma línea, la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) exige que los proyectos contemplen una solución para la evacuación de estas aguas, ya sea mediante redes públicas o mediante soluciones técnicamente adecuadas cuando estas no existan.

A ello se suman los criterios establecidos en el Manual de Obras de Vialidad, Pavimentación y Aguas Lluvias del SERVIU, que entrega las especificaciones técnicas para el diseño de pendientes, drenaje superficial, sumideros, cámaras, colectores, drenes y demás obras complementarias que permiten un correcto funcionamiento de la infraestructura.

¿Por qué es tan importante? Porque cuando el agua no se evacúa adecuadamente, puede infiltrarse en la estructura del pavimento, debilitando sus bases y acelerando la aparición de grietas, deformaciones, baches y otros daños que reducen significativamente su vida útil.

Por ello, elementos como drenes, sumideros, canaletas y sistemas de evacuación de aguas lluvias no deben entenderse como obras complementarias, sino como parte fundamental de cualquier proyecto de pavimentación. Su correcta incorporación protege la infraestructura, mejora la seguridad de quienes la utilizan y reduce los costos de mantenimiento a largo plazo.

En Arquimetra entendemos que un pavimento de calidad es el resultado de una solución integral. Por eso, cada proyecto se desarrolla considerando no solo la estructura del pavimento, sino también las obras de mitigación y drenaje necesarias para responder a las condiciones del terreno, del entorno y de la operación futura.

Porque un buen pavimento no solo debe soportar el tránsito; también debe ser capaz de gestionar el agua de manera eficiente. Es esa visión integral la que marca la diferencia entre una obra que cumple y una infraestructura que perdura.




 
 
 

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